La laguna donde el azul tiene siete formas de brillar
Valladolid concentra patrimonio colonial auténtico, herencia maya activa y acceso inmediato a algunos de los cenotes más impactantes de la región. Aquí puedes desayunar frente a una plaza del siglo XVI, nadar en una cavidad natural formada hace millones de años y cenar platillos que conservan técnicas prehispánicas. Todo sucede en distancias cortas y con una identidad cultural sólida, no escenificada. Esa combinación convierte a Valladolid en una de las ciudades más completas del sureste mexicano.
Experiencias emblemáticas
Es llamada así debido a las tonalidades de sus aguas entre el turquesa, el azul más oscuro y el agua casi transparente. Este prodigio natural existe gracias a los siete cenotes distribuidos a lo largo de la laguna de cerca de 43 km de extensión, ya que el sol ilumina las entradas de las cavernas subterráneas según la hora del día y esto permite que podamos disfrutar esta gama de colores con sus distintas profundidades. Aquí también puedes practicar kayak, esnórquel y buceo, entre otras actividades.
A solo unos pasos de la plaza principal, detrás de una enorme ceiba que crece en el atrio, se encuentra la Parroquia de San Joaquín, un templo del siglo XIX dedicado al santo patrono de Bacalar. Su festividad es una de las más reconocidas de la región. En el interior destaca la imagen de San Joaquín, anterior a la Guerra de Castas de Yucatán. Actualmente, el recinto también alberga actividades culturales como danzas folclóricas, danzón, poesía y talleres de artesanías.
Fue diseñado por el italiano Juan Podio en forma de estrella de cuatro picos, cada uno designado para albergar los baluartes de Santa Ana, San Arturo, Santa María y San Joaquín. Su construcción en el siglo XVII se debió a que Bacalar era constantemente saqueada por piratas de todas partes del mundo. Se construyó a base de piedras volcánicas, marinas y calizas. Conserva 11 de los 34 cañones originales y en la actualidad alberga también un museo con piezas arqueológicas, armas, municiones y utensilios de la época. Exhibe asimismo un mural del maestro Elio Carmichael, en el que se pueden observar los acontecimientos históricos más relevantes de la región.
A unos 70 kilómetros (44 millas) de Bacalar se encuentra el pueblo de Mahahual, con su atmósfera pacífica y amigable. La localidad cuenta con un enorme muelle que se adentra en el océano y recibe más de 150 cruceros nacionales e internacionales durante todo el año. Sus relajadas playas de arena blanca te invitan a practicar deportes acuáticos, comer en restaurantes pintorescos y hospedarte en sus cabañas rústicas, hoteles boutique o B&Bs (alojamientos con desayuno). Consulta con los prestadores de servicios para alquilar una moto acuática, dar un paseo en lancha, hacer esnórquel, montar a caballo o pescar mero, barracuda, huachinango o pargo. Este es un excelente punto de partida para visitar el arrecife Banco Chinchorro, el atolón más grande de Latinoamérica. Decenas de barcos encallaron aquí, convirtiéndolo en un lugar fantástico para el buceo.
Desde el Hotel Laguna puedes salir a recorrer en seis horas los más de 148 km del Río Hondo, para admirar los paisajes donde tuvieron lugar batallas e historias fascinantes de piratas hace ya más de dos siglos.
Se trata de un lugar sinigual para el buceo por sus laberintos, su profundidad y misteriosas cavernas; además, es de una belleza paradisiaca debido a la vegetación selvática y el azul del cielo y el agua.
Es el asentamiento arqueológico más importante de la región, si bien no el único. Se encuentra inmerso en la selva más exuberante, con vegetación que incluye árboles de zapote, cedro blanco y caobas. Aunque se cree que data del año 200 a. C., su época de esplendor fue siglos más tarde.