Recorre la avenida más emblemática de México, sus monumentos icónicos y el alma vanguardista del barrio más incluyente de la ciudad
El Paseo de la Reforma es un imprescindible, el que todos quieren disfrutar en su visita a la Ciudad de México; se adentra en el Bosque de Chapultepec, frente a sus museos y muy cerca del lago mayor, y parte de su trayecto conduce al Centro Histórico. Aunque, en realidad, llega a Santa Fe (lado poniente) y Calzada de los Misterios (al norte) rumbo a la Basílica de Guadalupe.
En esta inmensa vía se concentra la vida financiera de la ciudad así como los importantes monumentos que la identifican: la Diana Cazadora, el Ángel de la Independencia, la Glorieta del Ahuehuete, la Glorieta de las Mujeres que Luchan y muy cerca la Mujer de Amajac, el monumento a Cuauhtémoc que honra al último tlatoani mexica, El Caballito (diseño del escultor Sebastián) que sobresalen de los verdes y se coronan por las alas de un ángel dorado.
El Paseo de la Reforma se llamó originalmente Paseo de la Emperatriz o Paseo del Emperador, pues su trazo fue encargado por Maximiliano de Habsburgo en 1865, durante el Segundo Imperio Mexicano ––el momento histórico en que políticos conservadores trajeron al Archiduque de Austria para hacerlo emperador de México y combatir el mandato de Benito Juárez y su grupo de liberales––. Se creó para conectar el Castillo de Chapultepec (casa de los entonces emperadores) con el centro de la ciudad. Tras la caída del Imperio, fue renombrado Paseo de la Reforma por Sebastián Lerdo de Tejada en 1872, en honor a las Leyes de Reforma impulsadas por el presidente Juárez.
Desde su origen, se planeó como una espectacular avenida, amplia, arbolada, con camellones, glorietas, fuentes y esculturas para enaltecer el imperio del nuevo emperador. Después de su caída y del paso de los reformistas, fue Porfirio Díaz quien continuó el proyecto de embellecerla y ordenó construir el Ángel de la Independencia.
Fue encargado en 1900 por el entonces presidente Porfirio Díaz para conmemorar el centenario del inicio de la Guerra de Independencia de México. Fue diseñado por el ingeniero y arquitecto Antonio Rivas Mercado. La obra comenzó en 1902, cuando se colocó la primera piedra, pero en 1906 sufrió un colapso. Sobre su enorme columna reposa la estatua ––la diosa griega Nike, quien personifica el triunfo–– de 6.7 metros, pesa siete toneladas y está bañada en oro de 24 quilates. El monumento se inauguró el 16 de septiembre de 1910 y en 1925 se abrió un mausoleo donde reposan los héroes de la Independencia.
Esta zona de Reforma es parte del mercado inmobiliario de lujo de la ciudad, con desarrollos exclusivos que han transformado a las colonias Juárez y Cuauhtémoc no sólo culturalmente sino también urbanísticamente. La Torre Mayor, por ejemplo, fue el edificio más alto de América Latina hasta 2010 (con 250 metros de alto y 55 pisos), obtuvo varios premios de arquitectura y su diseño innovador, inteligente y antisísimico le valerion el reconocimiento en todo el mundo. Prepárate para recorrer este lugar, ya sea en bicicleta, a pie o en el metrobús de doble piso.
Es un área comercial en la colonia Juárez y colinda con Reforma. Aquí encontrarás diversas galerías de arte y boutiques, así como tiendas de antigüedades. Es muy famosa por su vibrante vida nocturna y por ser el punto más relevante de la cultura LGTBIQ+.
La Glorieta de la Diana Cazadora es una buena referencia para ubicar este punto en el mapa. “La Diana”, como es conocida, es la diosa romana de la cacería y símbolo de belleza. Está hecha de bronce y mide 7 metros de alto, fue inaugurada en 1942 y en su momento fue una obra llena de polémica por representar a una mujer desnuda, muy propia de este sitio, que se siente más libre que el resto de la ciudad.
En los años 50 y 60 el lugar ya era de vanguardia, con un ambiente bohemio nutrido por galerías de arte, cafés o bares donde escritores, pintores y músicos se reunían. Para la década de los 70 y 80, con estos aires liberales ya por todas partes, los primeros bares y discotecas gay aparecieron y así se convirtió en el refugio perfecto para la comunidad LGTBIQ+. En esa época, aquí desaparecía toda la represión y tabús hacia la diversidad sexual, por lo que las personas podían expresarse libremente lejos de la discriminación y la homofobia del resto de la ciudad.
En la década de los 90 y a inicios del nuevo siglo, tuvo su máximo esplendor. La vida nocturna se desarrolló en algunos espacios muy relevantes que estuvieron en su apogeo: el Living, el Kinky o el Lipstick. También fue el punto de partida de la Marcha del Orgullo y un lugar de resistencia ante el conservadurismo de la sociedad mexicana.
Antes de ser la Zona Rosa, su desarrollo comenzó a finales del siglo xix y xx como una colonia para aristócratas con mansiones de aires europeos. Durante su transformación hacia volverse la punta de lanza de la libertad sexual se ha llenado de muchos sitios interesantes por conocer.
Es un barrio que fácilmente se puede recorrer, muy conectado con el metro y metrobús y cercano a museos, restaurantes, cafés, bares y grandes centros comerciales como Reforma 222.